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lunes, 6 de abril de 2015

Kundera cuando chochea

 Era el mes de junio, el sol asomaba entre las nubes y Alain pasaba lentamente por una calle de París. Observava a las jovencitas que, todas ellas, enseñaban el ombligo entre el borde del pantalón de cintura baja y la camiseta muy corta. Estaba arrobado; arrobado e incluso trastornado: como si el poder de seducción de las jovencitas ya no se concentrara en sus muslos, ni en sus nalgas, ni en sus pechos, sino en ses hoyito redondo situado en mitad de su cuerpo.
 Eso le incitó a reflexionar: si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los muslos, ¿cómo describir y definir la particularidad de semejante orientación erótica? Improvisó una respuesta: la longitud de los muslos es la imagen metafórica del camino, largo y fascinante (por eso los muslos deben ser largos), que conduce hacia la consumación erótica; en efecto, se dijo Alain, incluso en leno coito, la longitud de los muslos brinda a la mujer la magia romántica de lo inaccesible.
 Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en las nalgas, ¿cómo describir la particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta: brutalidad; gozo; el camino más corto hacia la meta; meta tanto más excitante por ser doble.
 Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los pechos, ¿cómo describir la particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta: santificación de la mujer; la Virgen María amamantando a Jesús; el sexo masculino arrodillado ante la noble misión del sexo femenino.
 Pero ¿cómo definir el erotismo de una hombre (o de una época) que ve la seducción femenina concentrada en mitad del cuerpo, en el ombligo?
La fiesta de la insignificancia, Milan Kundera.
Milan Kundera es un escritor que con 85 años, a la edad en que cualquier mortal chochea, se saca párrafos como el que transcribo de la manga.

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