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domingo, 13 de diciembre de 2015

Domingos de agosto, de Patrick Modiano

Si algo borda Modiano es que el lugar donde ocurre lo narrado se convierte en un personaje importante más, que cobra vida en la historia, transmitiendo cierta sensación de nostalgia. En Domingos de agosto ese lugar vívido es Niza. Lo que en principio parece una historia de (des)amor se convertirá en novela negra, al ritmo de la prosa envolvente del autor, que logra captar el interés del lector e introducirlo en su mundo de desechos, de perdición, de infelicidad; de presente desdichado ante la vista del pasado. Si bien su estilo es reconocible e inconfundible, se trata de una obra menor, que parece terminada (¡o incluso ya empezada!) a la carrera o con ausencia de ideas. Seduce pero no conmueve. No obstante siempre resulta recomendable deleitarse con la prosa y las atmósferas que inventa Modiano.

Rescato dos citas de la breve novela que encierran mucho más de lo que a priori expresan:

"A veces basta con unos pocos años para acabar con muchas pretensiones." (p.27)

"Pero nada más regresar me volvía la confianza. Sylvia leía (...) Mientras estuviera conmigo, no tenía nada que temer." (p.41)

Todos los que tenemos cierta edad somos conscientes de que muchos de nuestros sueños y anhelos de juventud se han resquebrajado ante la imposición de la "vida adulta" en sociedad; y además, hemos experimentado esa sensación de ser invencibles, de atesorar una confianza sublime, en compañía de una persona especial, con la que sentimos complicidad.

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